A pesar de la evidente importancia de la salud mental en la calidad de vida de las personas y comunidades, es aún su abordaje un área poco trabajada en el campote la salud pública. Así por ejemplo, el Informe Mundial de la Salud de 2001 señalaba que más del 25% de la población padecía en algún momento de su vida algún trastorno mental o conductual. Estos problemas afectaban a personas de todos los países y sociedades, a individuos de toda edad, a mujeres y hombres, a pobres y ricos, a pobladores rurales como a urbanos. Dicho Informe, identificaba también un impacto económico sobre las sociedades y sobre la calidad de vida de los individuos y familias.
Según el mencionado documento, se ha estimado que en 1990, los trastornos mentales y neurológicos eran responsables del 10% de los AVAD (A�os de vida ajustados en funci�n de la discapacidad.�) totales perdidos por todas las enfermedades y lesiones. En el año 2000 ese porcentaje había aumentado al 12% y se prevé que llegará hasta el 15% en el 2020.
Los problemas más frecuentes, responsables de discapacidades importantes, son los trastornos depresivos, los ocasionados por el consumo de sustancias psicoactivas, la esquizofrenia, la epilepsia, la enfermedad de Alzheimer, el retraso mental y los trastornos de la infancia y adolescencia. De igual manera se ha reconocido factores asociados a la prevalencia, la aparición y a la evolución de los trastornos mentales y conductuales, ellos son: la pobreza, el sexo, la edad, los desastres, los conflictos sociales, las enfermedades físicas graves y las características del entorno socio-familiar.

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