domingo, 19 de octubre de 2008

Barack Obama

El candidato republicano dobla su marca del mes anterior y convence a 630.000 donantes
Barack Obama enlaza un récord de recaudación tras otro. El candidato demócrata a Casa Blanca recaudó el mes de septiembre más 150 millones de dólares (111 millones de euros) para su campaña, con lo que supera la marca histórica de recaudación para una campaña presidencial. La cifra es más del doble que la anterior marca, los 66 millones que el propio senador consiguió en el mes de agosto.
Los 150 millones recaudados por Obama suponen una cifra astronómica que le permiten aventajar a su rival, el republicano John McCain, en uno de los asuntos clave de cualquier campaña electoral, los anuncios televisivos y la propaganda. Así, el candidato demócrata ha gastado cuatro veces más que McCain en publicidad y va a superar en pocos días la marca establecida por George W. Bush en 2004 para su reelección en 2004: 188 millones de dólares (140 millones de euros). La cifra es aún más llamativa si se tiene en cuenta que Obama renunció a cualquier tipo de financiación pública, por lo que todo lo recaudado procede de donantes privados. Especialmente relevante en la recaudación de la campaña demócrata ha sido el dinero conseguido a través de Internet.
Con todo este dinero, Obama se puede permitir comprar un espacio de media hora en horario de máxima audiencia el próximo 29 de octubre, apenas seis días antes de las elecciones.
Según los datos de la campaña del senador por Illinois, 632.000 personas se han sumado como donantes a la apuesta de Obama por la Casa Blanca, con lo que el total de personas que han dado dinero a su campaña se eleva a 3,1 millones. La donación media durante el mes de septiembre fue inferior a los 100 dólares.

viernes, 10 de octubre de 2008

Un desafío para la salud pública

A la luz de los conceptos actuales, la salud mental es el núcleo de un desarrollo equilibrado de toda la vida, que desempeña una función importante en las relaciones interpersonales, la vida familiar y la integración social. Es un factor clave para la inclusión social, la plena participación en la comunidad y el desarrollo de la economía. El concepto señalado, implica más que la ausencia de enfermedades mentales, es parte indivisible de la salud y la base del bienestar y el funcionamiento eficaz de las personas. Se refiere a la capacidad de adaptarse al cambio, hacer frente a la crisis, establecer relaciones satisfactorias con otros miembros de la comunidad y encontrar un sentido a la vida.
A pesar de la evidente importancia de la salud mental en la calidad de vida de las personas y comunidades, es aún su abordaje un área poco trabajada en el campote la salud pública. Así por ejemplo, el Informe Mundial de la Salud de 2001 señalaba que más del 25% de la población padecía en algún momento de su vida algún trastorno mental o conductual. Estos problemas afectaban a personas de todos los países y sociedades, a individuos de toda edad, a mujeres y hombres, a pobres y ricos, a pobladores rurales como a urbanos. Dicho Informe, identificaba también un impacto económico sobre las sociedades y sobre la calidad de vida de los individuos y familias.
Según el mencionado documento, se ha estimado que en 1990, los trastornos mentales y neurológicos eran responsables del 10% de los AVAD (A�os de vida ajustados en funci�n de la discapacidad.�) totales perdidos por todas las enfermedades y lesiones. En el año 2000 ese porcentaje había aumentado al 12% y se prevé que llegará hasta el 15% en el 2020.
Los problemas más frecuentes, responsables de discapacidades importantes, son los trastornos depresivos, los ocasionados por el consumo de sustancias psicoactivas, la esquizofrenia, la epilepsia, la enfermedad de Alzheimer, el retraso mental y los trastornos de la infancia y adolescencia. De igual manera se ha reconocido factores asociados a la prevalencia, la aparición y a la evolución de los trastornos mentales y conductuales, ellos son: la pobreza, el sexo, la edad, los desastres, los conflictos sociales, las enfermedades físicas graves y las características del entorno socio-familiar.

Día Mundial de la Salud Mental; conoce cuáles son las enfermedades mentales

En la actualidad, hablar de las enfermedades mentales es algo muy común, en especial cuando se trata del trastorno bipolar. Sin embargo poco se habla del estigma de la enfermedad mental con la que el paciente se enfrenta en una batalla social que en muchas ocasiones intenta ganar la voluntad tanto del paciente como de los familiares.En general los trastornos mentales son poco valorados como enfermedades, prueba de esta mala identificación es el manejo de los términos “loco” o “demente”. Estigmas que la gente utiliza sin detenerse a pensar que éstos adjetivos pueden generar grandes repercusiones en el pacienteDe acuerdo con datos de la Organización Mundial del la Salud (OMS), las enfermedades mentales representan el 13% de las discapacidades y la mayoría de ellas no son diagnosticadas correctamente o son ignoradas.Entre las más comunes están la depresión, los problemas de ansiedad, el trastorno de depresión mayor, el trastorno bipolar, que lo padecen asciende a casi dos millones y la esquizofrenia, padecimiento que, de no ser atendido a tiempo, puede llevar al suicidio.El trastorno bipolar es una enfermedad mental crónica, también conocida como “maniaco-depresivo” que se caracteriza por alteraciones en el estado de ánimo que van de periodos de depresión profunda a periodos de manía extrema o hipomanía. Por ello, en el marco del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora el día 10 de octubre en nuestro país, la Dra. Martha Ontiveros, presidenta de la Asociación Psiquiátrica Mexicana comenta: “Es importante que el paciente con enfermedad bipolar sea diagnosticado adecuadamente, pues del diagnóstico depende que el paciente reciba un tratamiento adecuado y tenga un buen pronóstico”.ENTRE LA LUZ Y LA OSCURIDADVivir entre la luz y la oscuridad resulta un duro enfrentamiento con la realidad, y más aún cuando la desinformación propicia los estigmas con que la sociedad relega a las personas que los padecen limitando sus actividades diarias.Es muy importante contar con la información adecuada para que este padecimiento pueda ser detectado a tiempo, ya sea por el propio paciente o por la familia. Una vez diagnosticado por un psiquiatra, la enfermedad podrá ser controlada con la ayuda de un tratamiento integral que permitirá la readaptación del individuo a su vida normal. Hoy en día existen medicamentos que logran el control de la enfermedad, permitiendo la recuperación integral del paciente controlando los síntomas a nivel físico, mental, emocional y social.La alianza “Juntos por un mejor mañana” integrada por la Asociación Psiquiátrica Mexicana, el Instituto Nacional de Psiquiatría y el grupo de pacientes Voz Pro Salud Mental con el apoyo de AstraZeneca, realizan una campaña permanente de información enfocada a la educación y concientización en torno a este padecimiento que afecta a miles de personas.Es importante tener presente que el trastorno bipolar no es fácil de identificar y el diagnóstico en muchas ocasiones tarda hasta 10 años, por lo que sólo estando atentos a alteraciones en el estado de ánimo que no se consideren normales y con ayuda del médico psiquiatra se podrá mantener el equilibrio. Presentar una enfermedad mental como el trastorno bipolar, no debe significar vivir en la oscuridad, toda persona que lo padece siempre tendrá una oportunidad de control para lograr mantener su calidad de vida.Si nota que algún miembro de su familia o una persona cercana presenta estos síntomas (periodos alternados del estado de ánimo que van de la depresión profunda a periodos de euforia marcada, etc.) es necesario acudir al médico especialista – en este caso el médico psiquiatra – para que realice una evaluación completa, y en su caso, diagnostique y trate el padecimiento, para llevar un adecuado control que facilite un pronóstico favorable para el paciente.Y recuerde: “todos te pueden escuchar, pero no todos te pueden ayudar”.Si desea obtener mayor información sobre el padecimiento, favor de llamar a la línea Serotel 01-800-8220 316.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

El niño mas inteligente del mundo


A los 3 años, resolvía tests de inteligencia para adultos. A los 5 había terminado la primaria, a los 6 ya tenía el diploma de la secundaria, a los 7 iba a la universidad. Y a los 8 años terminó encerrado en un neuropsiquiátrico. Se golpea la cabeza contra la pared, intenta suicidarse y le implora a los médicos que, por favor, le devuelvan su gatito blanco, Jedi, que tiene el acceso prohibido al hospital.



Siempre ávidos de “golpes publicitarios”, los institutos le enviaron varios formularios y los resultados que obtuvieron a vuelta de correo fueron sensacionales. Decir que Justin era el primero de la clase habría sido igual que decir que Einstein era bueno para las matemáticas. No se equivocaba nunca, resolvía todo, obtenía el récord de puntajes para todas las edades. Cuando sus pares empezaban la primaria, él ya la terminaba y se inscribía en una secundaria por correspondencia (la Cambridge Academy) vía Internet. A los 6 años recibió el diploma. Inmediatamente después, la madre hizo que le enviaran los papeles para el SAT, el test de admisión a la universidad. A los 7 años, Justin obtuvo el máximo puntaje (1600 puntos) y la industria de los diplomas se lo otorgó. Se inscribió entonces en la respetable Universidad de Rochester, en el estado de Nueva York. Allí se lo veía en las aulas, sin dientes, entre alumnos de veinte años. Elizabeth, la madre, le construyó un sitio web. Su fama empezó a propagarse. Recibió fondos de institutos y centros que promueven la educación de los “pequeños genios”. Los políticos de todos los colores se dejaban ver con él. Lo recibió el gobernador republicano de Nueva York, George Pataki. Lo felicitaron Mario Cuomo y Rudy Giuliani, ambos ex alcaldes de la ciudad. También Hillary Clinton, senadora demócrata del estado, que corrió a su encuentro y no se limitó a la foto, sino que dijo haber discutido con él “los problemas de la educación para los chicos de inteligencia superior” en el transcurso de una cumbre grotesca entre una señora de 55 años y un chico de 7. Congresos y asociaciones se disputaban al pequeño Einstein para sus propias conferencias: sólo en 2001 participó en 13 -remuneradas, naturalmente-. Pero cuando habló en la Universidad de Denver, algunos docentes empezaron a sospechar: “A mí me pareció un chico normal de 7 años, desenvuelto pero normal”, dijo una profesora de psicología infantil que había asistido a la conferencia para escucharlo. Y en la universidad, en la confrontación real con estudiantes y profesores de verdad, comenzaron los problemas. Después de las primeras clases, Justin se desmoronó. Se escondía debajo de los bancos. Estallaba en llantos y gritos. Se golpeaba la cabeza contra la pared y los escritorios. Se negaba a comer. Vomitaba en clase. Lo visitó un psiquiatra y el veredicto fue tremendo: Justin es un chico trastornado, aterrorizado, casi psicótico. Intervinieron las autoridades públicas y el diagnóstico fue aún más terrible: si no lo alejan pronto de su madre, Justin se volverá clínicamente loco… si es que todavía es recuperable. Todos los analistas concuerdan: el pequeño sabio que dialogaba con funcionarios públicos y senadoras famosas es un chico absolutamente normal, incluso emotiva e intelectualmente atrasado.
A la madre le quitaron la tenencia del chico, que quedó a cargo del tribunal. ¿Y todos esos tests, esos resultados sensacionales, esos diplomas? Puras mentiras. La madre había hecho los exámenes por él, aprovechándose del anonimato que confiere Internet y de la crédula deshonestidad de las escuelas. Cuando las pruebas empezaban a resultarle muy difíciles, se transformó en una embaucadora cibernética. Había enviado por computadora los tests hechos por los alumnos más brillantes del país, los había reproducido con escáners, los había manipulado con programas especiales, atribuyéndolos a su pequeño Justin. Habían sonado centenares de señales de alarma, pero la necesidad de creer en el pequeño genio, el culto norteamericano de la “excepcionalidad”, habían sido más fuertes que la prudencia. Naturalmente, ahora la madre dice lo que decimos todos los padres, que “lo hizo por él”, para darle a ese hijo único e “ilegítimo”, como todavía se sigue diciendo, “la posibilidad de abrirse camino en la vida”. Y, a decir verdad, el pobre Justin hizo camino: de Nueva York a Denver, de la univerisdad a una clínica psiquiátrica para menores. Ya intentó suicidarse tomándose un frasco entero de analgésicos. Se golpea la cabeza contra las paredes y pide, llorando, que le dejen ver a su gatito blanco. Y que le lleven su manta azul de Harry Potter. El gato tiene el acceso vedado pero, al parecer, el pobre Justin ya pudo recuperar su manta.

lunes, 22 de septiembre de 2008